Conversaciones con tu mente
7 días para enfrentar
tus miedos, conocer tus emociones, explorar tus pensamientos y comprender tu
mundo interior.
¿Eres consciente de
cuántas veces has revisado tu teléfono en los últimos minutos, esperando ese
mensaje que, según tú, podría cambiarlo todo?
¿Cuántos días más
seguirás evitando esa conversación incómoda que tu mente te pide a gritos, pero
que el miedo te impide tener?
¿Por qué te cuesta
tanto tomar esa decisión que, en el fondo, sabes que deseas, pero que el temor
termina venciendo?
¿Cuánto tiempo más vas
a permanecer dentro de esa burbuja mental que no te permite abrir las alas y
volar?
Una burbuja que te
inunda de miedos, de dudas y de pensamientos distorsionados. Un lugar que tu
mente ha construido para protegerte, pero que, sin darte cuenta, también te ha
limitado, te ha detenido y te ha impedido descubrir quién eres realmente.
Quizá llevas días
sintiendo ansiedad por el futuro, miedo a equivocarte, temor a perder a alguien
o la sensación de que nadie comprende lo que ocurre dentro de ti.
Todos tenemos
conversaciones internas. Algunas nos impulsan a avanzar; otras nos llenan de
dudas, nos hacen callar, posponer decisiones o permanecer en lugares donde ya
no queremos estar.
Durante los próximos
siete días te invito a detenerte por unos minutos, escuchar lo que sucede
dentro de ti y comenzar un viaje hacia aquello que muchas veces evitamos:
nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestra propia historia.
Día 1. La cita que
seguimos aplazando
¿Cuántas veces has
dicho: “La próxima semana saco la cita”?
El dolor todavía no es
tan fuerte. La molestia parece soportable. El cansancio puede esperar. Y así
pasan los días, las semanas e incluso los meses, mientras seguimos posponiendo
esa visita al médico porque, en el fondo, existe una pregunta que nos da miedo
escuchar:
¿Y si realmente tengo
algo?
Curiosamente, hacemos
lo mismo con nuestra vida emocional.
Posponemos esa
conversación que necesitamos tener. Guardamos aquello que nos duele.
Disimulamos el miedo. Sonreímos cuando estamos agotados. Decimos que todo está
bien cuando por dentro algo lleva tiempo pidiendo atención.
A veces revisamos el
teléfono esperando un mensaje que no llega. Otras veces nos quedamos despiertos
hasta la madrugada pensando en aquello que no nos atrevemos a resolver. También
están esas decisiones que sabemos que debemos tomar, pero que seguimos aplazando
porque el miedo parece más fuerte que nuestras ganas de avanzar.
No siempre evitamos la
cita por miedo al diagnóstico. Muchas veces la evitamos porque sabemos que
después de escuchar la respuesta tendremos que hacer algo.
Y eso también ocurre
con nuestras emociones.
Porque reconocer que
estamos cansados implica descansar. Aceptar que algo nos duele implica
atenderlo. Admitir que tenemos miedo significa mirarlo de frente.
Quizá llevas tiempo
diciéndote que mañana comenzarás a cuidarte, que la próxima semana hablarás con
esa persona, que algún día tomarás esa decisión o que más adelante pedirás
ayuda.
Pero hay conversaciones
que no desaparecen por ignorarlas.
La mente suele ser muy
paciente. Primero susurra. Después insiste. Finalmente grita.
Tal vez la cita que has
venido aplazando durante tanto tiempo no es con un médico, ni con otra persona.
Tal vez es contigo mismo.
Y quizá hoy sea un buen
día para dejar de preguntarte qué pasaría si descubres algo, y comenzar a
preguntarte qué podría cambiar si finalmente decides escucharte.
Pregunta para hoy:
¿Qué conversación
contigo mismo has venido aplazando por miedo a escuchar la respuesta?
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