¿Por qué aparecen pensamientos que nunca quisieras tener?
Seguramente alguna vez te ha pasado.
Estás caminando tranquilamente y, de repente, aparece un pensamiento que te deja desconcertado. O estás con alguien que amas y tu mente imagina una situación terrible. Tal vez estás conduciendo y, sin razón alguna, piensas: "¿Y si ocurre un accidente?". En ese momento te asustas y te preguntas: "¿Por qué pensé eso?"
Lo primero que quiero decirte es esto: tener un pensamiento extraño no significa que quieras hacerlo realidad.
Nuestra mente funciona de una manera muy particular. A lo largo del día genera miles de pensamientos. Algunos son útiles, otros son recuerdos, otros son preocupaciones y algunos, simplemente, aparecen sin ninguna explicación. A estos últimos, cuando son incómodos, inesperados y generan ansiedad, los conocemos como pensamientos intrusivos.
Lo curioso es que, casi siempre, esos pensamientos van en contra de lo que realmente somos y de los valores que tenemos. Precisamente por eso nos generan tanto malestar.
Imagina a una madre que, mientras sostiene a su bebé, tiene un pensamiento repentino sobre que algo malo podría pasar. O una persona profundamente creyente que, de repente, tiene una idea que considera irrespetuosa. O alguien muy tranquilo que piensa por un instante en gritar durante una reunión. Ninguno de estos pensamientos significa que esas personas quieran actuar de esa manera.
Son solo pensamientos.
El problema aparece cuando comenzamos a creer que ese pensamiento dice algo sobre nosotros. Entonces empezamos a preguntarnos una y otra vez:
"¿Y si significa que soy una mala persona?"
"¿Y si pierdo el control?"
"¿Y si algún día termino haciéndolo?"
Sin darnos cuenta, comenzamos a luchar contra nuestra propia mente. Tratamos de expulsar el pensamiento, de demostrar que no está ahí o de convencernos de que nunca volverá. Pero ocurre algo curioso: mientras más intentamos no pensar en algo, más presente parece estar.
Es como cuando alguien te dice: "No pienses en un elefante rosa." Lo primero que hace tu cerebro es imaginarlo.
Con los pensamientos intrusivos sucede exactamente lo mismo.
La buena noticia es que no necesitamos ganar una pelea contra nuestros pensamientos. En realidad, podemos aprender a relacionarnos con ellos de otra manera.
Cuando aparezca uno de esos pensamientos incómodos, en lugar de entrar en pánico, puedes decirte:
"Es solo un pensamiento. No una orden. No una intención. No una predicción."
Ese pequeño cambio hace una gran diferencia.
Aceptar que nuestra mente puede producir ideas absurdas, desagradables o inesperadas no significa que estemos de acuerdo con ellas. Significa reconocer que el cerebro no deja de generar pensamientos, igual que el corazón no deja de latir.
Y hay algo que vale la pena recordar siempre: no eres tus pensamientos.
Eres mucho más que lo que pasa por tu mente durante unos segundos. Lo que realmente habla de ti son tus valores, tus decisiones y la manera en que eliges actuar cada día.
Si estos pensamientos aparecen con mucha frecuencia, generan una ansiedad intensa o están afectando tu vida, recuerda que pedir ayuda psicológica no es una señal de debilidad. Al contrario, puede ser el primer paso para recuperar la tranquilidad y aprender a vivir con una mente que, aunque a veces hace mucho ruido, no siempre dice la verdad.
Porque al final, no todo lo que pasa por tu mente merece ser creído. Y entender eso puede cambiar por completo la forma en que te relacionas contigo mismo.
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